Paz en medio del caos

Hubo un tiempo en mi vida en el que sentía que todo parecía derrumbarse al mismo tiempo. Negocios que abría y cerraba, proyectos que amaba y que no lograban sostenerse, personas que no entendían la intensidad con la que soñaba… y aun así, seguí caminando.

Aprendí algo que no te enseñan en ningun lugar: la paz no llega cuando todo se ordena, llega cuando decides seguir aún cuando todo está roto.

En medio de ese caos, encontré algo que me sostuvo cuando ya no podía más: el arte. No como algo perfecto, no como algo que se expone, sino como un lugar donde podía volcar lo que no sabía decir. Donde el dolor no desaparecía, pero se transformaba.

Recuerdo noches interminables cerrando locales, haciendo inventarios, reorganizando cada detalle mientras mi cuerpo pedía descanso. Recuerdo también el silencio, ese que pesa cuando sientes que nadie entiende. Y aun así, cada día lograba algo: una venta, una sonrisa, una oportunidad. Una pequeña señal de que valía la pena seguir.

Pasé por negocios que se vendieron, locales que no funcionaron, decisiones que dolieron y caminos que no entendía. Perdí mucho… pero también gané algo más profundo: confianza en mi, claridad y fuerza.

El arte – como la vida- nunca fue lineal. Ha sido caótico, imperfecto, a veces incomprensible. Pero en ese mismo desorden encontré mi refugio. Aprendí que crear también es resistir. Que transformar el dolor en algo visible es una forma de sanar.

Hoy miro atrás y entiendo que nada fue en vano, que cada erorr, cada intento, cada caída me fue moldeando.

Y que este lugar en el que estoy ahora – donde puedo escribir, crear, compartir y sostener – también es una obra.

Una obra viva. Incompleta pero mía.

Porque sí… se puede encontrar paz,

incluso en medio del caos.

Desde algún lugar entre lo que duele y lo que se transforma,

– Giu.


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